Chepito y las sorpresas de su nuevo papá
Por Iris Alvarado
Este es José, al cual le dicen Chepito. Es un niño de 13 años que ha caído en una etapa depresiva al presenciar algo que nunca imaginó. Tiempo atrás, a sus seis años, su primera figura paterna murió y el infante sintió mucho su partida. Su entonces padrastro lo amaba y respetaba; incomparable a quienes le iban a preceder. Es de aclarar que el niño tampoco tuvo la fortuna de conocer a su padre biológico, pues lo abandonó.
Pasado el tiempo, cuando cumplió ocho años, Chepito fue testigo de cómo su madre inició un desfile de novios dentro de su casa. Hombres que no solo hacían uso de ella, sino que también la maltrataban verbalmente. La madre, Erika, dejó de recibir esos tratos, porque los familiares intervinieron y le advirtieron que de seguir así perdería la custodia del hijo. Como medida, consiguió un padre estable para su hijo y un hombre para ella.
Un día, ella llevó consigo al hombre con el que decidió casarse, finalmente. En apariencia, el nuevo integrante era una persona recta, a pesar de que no mostraba mucho interés en José. Posteriormente, Ramón y Erika se casaron. Sin embargo, la noticia no fue de agrado para el niño. Por el contrario, fue un trago ácido para la criatura, pues su padrastro, al instalarse en casa comenzó a dañar algunas de sus pertenencias sin ningún motivo e impuso cambios.
Luego, aplicó prohibiciones en conductas, como en opiniones dirigidas a Chepito, a quien la gente le decía que “era normal” ser castigado, porque Ramón era “su nuevo papá”. No obstante, lo que los demás no sabían es que también las negativas, así como insultos y amenaza se extendieron a Erika, pero esta salía al paso y justificaba las imposiciones por el supuesto amor que su pareja le daba.
Ayer al caer la noche, Erika cocinó espagueti, decoró la casa, luego sirvió la comida en la mesa, pero a su marido no le gustó y de inmediato le pegó. El niño intervino en la paliza y también salió lesionado. Sin embargo, esto no lo detuvo a gritar y salir a la calle a pedir auxilio. Detuvieron al agresor y lo demás fue solo trámite, debido a que la madre perdonó a su pareja y el cuadro de violencia volvió a su casa. Aún se desconoce si esto continuará.
Este es José, al cual le dicen Chepito. Es un niño de 13 años que ha caído en una etapa depresiva al presenciar algo que nunca imaginó. Tiempo atrás, a sus seis años, su primera figura paterna murió y el infante sintió mucho su partida. Su entonces padrastro lo amaba y respetaba; incomparable a quienes le iban a preceder. Es de aclarar que el niño tampoco tuvo la fortuna de conocer a su padre biológico, pues lo abandonó.
Pasado el tiempo, cuando cumplió ocho años, Chepito fue testigo de cómo su madre inició un desfile de novios dentro de su casa. Hombres que no solo hacían uso de ella, sino que también la maltrataban verbalmente. La madre, Erika, dejó de recibir esos tratos, porque los familiares intervinieron y le advirtieron que de seguir así perdería la custodia del hijo. Como medida, consiguió un padre estable para su hijo y un hombre para ella.
Un día, ella llevó consigo al hombre con el que decidió casarse, finalmente. En apariencia, el nuevo integrante era una persona recta, a pesar de que no mostraba mucho interés en José. Posteriormente, Ramón y Erika se casaron. Sin embargo, la noticia no fue de agrado para el niño. Por el contrario, fue un trago ácido para la criatura, pues su padrastro, al instalarse en casa comenzó a dañar algunas de sus pertenencias sin ningún motivo e impuso cambios.
Luego, aplicó prohibiciones en conductas, como en opiniones dirigidas a Chepito, a quien la gente le decía que “era normal” ser castigado, porque Ramón era “su nuevo papá”. No obstante, lo que los demás no sabían es que también las negativas, así como insultos y amenaza se extendieron a Erika, pero esta salía al paso y justificaba las imposiciones por el supuesto amor que su pareja le daba.
Ayer al caer la noche, Erika cocinó espagueti, decoró la casa, luego sirvió la comida en la mesa, pero a su marido no le gustó y de inmediato le pegó. El niño intervino en la paliza y también salió lesionado. Sin embargo, esto no lo detuvo a gritar y salir a la calle a pedir auxilio. Detuvieron al agresor y lo demás fue solo trámite, debido a que la madre perdonó a su pareja y el cuadro de violencia volvió a su casa. Aún se desconoce si esto continuará.



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