La vulnerabilidad que vivimos día con día
César Monterrosa
Ella comprendió, mientras estudiaba, que la educación es el aporte que quiere dar a la sociedad. Esto le generaba satisfacción en su vida, convirtiéndose en su pasión. Desde esta perspectiva, tiene el contacto con las personas que la enriquece. A su vez, actúa con las nuevas generaciones, educando tanto a las personas con posibilidades económicas como a los que no las tienen.
Como toda trabajadora, ella tiene merecidas sus vacaciones. Toma un par de días y aprovecha para tener un contacto intenso con la naturaleza. En su último día aprovecha para ordenar sus finanzas y decide visitar el banco para retirar el 80% de sus ahorros y trasladarlos. Al salir, toma el carro, sale del parqueo y, justo en la cruz calle contigua, un carro se detiene unos segundos y la obliga a parar. Inmediatamente tocan una de las ventanas y en la otra comienza un ladrón a amenazarla.
El ladrón le gritó: “¡Dame el dinero y no me veas!”. Ella contestó: “¡No tengo nada!”. El asaltante nuevamente le dijo “¡¿Qué no enténdés?! ¡No me mires o te mato! Debido al pánico del momento, no sabía cómo reaccionar. De repente, uno de los hombres hala un bolsón y ella, por inercia, aprieta el acelerador y se va. Suerte que el vehículo por el que se detuvo ya no estaba, de modo que manejó hasta llegar al trabajo, sin percatarse de nada y con el total desconocimiento que en el bolsón llevaba la mitad del dinero.
Con la adrenalina a tope llega al trabajo, donde se lleva un susto. Su ropa se encontraba empapada de sangre, por causa de una herida en el brazo. Esto la llevó a terminar en el hospital y tener que pasar por 12 puntadas para suturar. Un dolor que la desesperaba la acompañó a casa. Por su parte, en el trabajo todos estaban preocupados por su salud, al conocer que no era algo grave todo volvió a la calma.
Días después, en los noticieros salen los anuncios de hombres buscados por asaltar afuera de una lista de cinco bancos. Al ver la televisión, ella logra reconocer a uno, el cual había tocado su ventana y seguro la lesionó. Esto le indica el grado de violencia en que el país está inmerso, ya que al nivel de vivir violencia en carne propia, como un asalto, solo habla de lo vulnerables que somos al salir a las calles.
El robo deja la lección que al salir a las calles debe hacerlo con mayor precaución y de ser posible acompañada. También que el grado de violencia es grande, pero su labor en la educación es un pilar fundamental para poder combatirla. Las nuevas generaciones y las actuales con la herramienta de la educación son capaces de marcar la diferencia y de formar una sociedad mejor. El Salvador se merece ser mejor.



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