Tan rápido como empezó

Elizabeth Deras

Ester y Miguel eran dos jóvenes que recién iniciaban la universidad. Ambos coincidieron cuando llegaron tarde a su primera evaluación en la clase de Economía la evaluación debía ser realizada en pareja, y al ser los últimos en llegar, el maestro optó por – literalmente obligarlos – a realizarla juntos. A ninguno le hacía feliz la idea, pero era eso o tener cero, a regañadientes aceptaron, sin saber que ese día cambiaría el resto de sus vidas.

¿Para qué mentir? La conexión no fue inmediata. De hecho, se desagradaron desde el inicio. Una hora bastó. Entre un argumento y otro nació la atracción, y ¿para qué explicar más? Basta con decir que todo fue tan rápido que una semana después les resultaba imposible separarse.

Les encantaba todo del otro eran desenfrenados y gustaban de demostrarse su amor. Entre clase y clase no podían separarse y odiaban la noche, puesto que era el tiempo en que no podían pasar juntos. Excepto esa noche en la que sucedió, en la que quisieron ser uno y concretar lo que para ellos era amor, fundiéndose uno en el otro.

La vida transcurrió y el ciclo acababa su relación era más feliz que nunca. Sin embargo, la noticia llegó. El padre de Ester había obtenido una gran oportunidad laboral en el extranjero, por lo que dejarían el país al finalizar el año. Les quedaban siete meses juntos.

Los exámenes finales llegaron y trataron de olvidar que el tiempo juntos terminaba. Sin embargo, ella no lo lograba, no podía olvidar que los días pasaban, sobre todo cuando otra noticia la embargaba. Estaba embarazada. ¿Qué haría? Era una chiquilla que no quería un bebé en este momento. De hecho no se imaginaba nunca con uno, sus padres la matarían y Miguel… ¿Miguel sería capaz de abandonarla? No. Nadie lo sabría nunca. Decidió abortar le pediría ayuda a su amiga Mariana. Ella lo había hecho antes y estaba segura que la ayudaría.

Pero nada sucedió como Ester había planeado. Su madre encontró la prueba de embarazo que se había realizado y se lo dijo de inmediato a su padre. Éste, furioso, fue en busca de Miguel, quien aún no sabía nada. ¡Vaya manera de enterarse! Todo ocurrió tan de prisa, tan de prisa como había surgido el amor, y todo se esfumó así de la misma manera.

Ester fue llevada de inmediato al extranjero. La mudanza se adelantó y Miguel no tuvo siquiera la oportunidad de despedirse. Sin embargo, ella volvió siete meses después con un bebé de pocos días de nacido en brazos y una pequeña maleta, pero volvió únicamente para decir formalmente “adiós”. Así como llegó a su vida se marchó. Ese día únicamente entregó a Miguel un bebé sin decir mucho, sin dar explicaciones. Así sin más dijo a ambos adiós.

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